Llego a casa alrededor de las cinco de la mañana, derrengada y con ganas de nada. Por suerte, los días que termino tan tarde el local siempre me paga un taxi de vuelta a casa. Después de todo, no es mi horario el que estaba cumpliendo y me quedo "de favor" las noches que así lo necesitan. Como dice Mami Pata con más razón que una santa: "Piensa en el dinero, Cheza, piensa en el dinero".
Pero a las cinco y cinco minutos, cuando por fin he entrado en casa, ese pensamiento no me consuela. Menos mal que tengo 21 años, porque no sé cómo lo haría si tuviera 30.
Subo a mi habitación y me quedo 10 minutos tirada en la cama. Quiero dormirme, pero mi estómago me recuerda que no ingiero nada desde el medio día y que necesito alimento. Bajo a la cocina y agradezco a quienquiera que inventara los noodles instantáneos.
Pienso que es un buen momento para un cigarrillo y, mientras los noodles se preparan en el microondas, salgo al jardín a exhalar un poco de humo y a disfrutar del frescor nocturno.
Oigo ruidos en la casa de al lado. Mi vecino también está en el jardín. Quizás él también tenga un horario de trabajo como el mío, o igual simplemente es un ave nocturna. Es viernes, o era viernes cuando salí de casa para ir a trabajar; si libra los domingos se lo puede permitir. La verdad, ahora mismo no me importa un carajo.
Entro y escucho los ruidos de la televisión de uno de mis compañeros. Suena un resumen del reality de moda y, una vez más, doy gracias por vivir sin televisión. A pesar de que mis compañeros y mi novio digan que soy extraña por tal hecho.
Los noodles ya están listos y mi cigarrillo terminado, por lo que no queda más que subir las escaleras, cosa que me cuesta un trabajo enorme, y me tiro en la cama como puedo, procurando no derramar la poco nutritiva pasta que se mantiene caliente en un bol a mi lado.
Mañana mis compañeros de casa se quejarán de nuevo de que volví a las tantas y de que me puse a cocinar a las cinco de la mañana. Yo le volveré a decir a la casera que no me importa una mierda, que ella sabía cuales iban a ser mis horarios de trabajo y que, aún así , me aceptó. Como es cierto y siempre pago mi renta puntualmente, no dirá nada.
La verdad es que no me importa una mierda. Me como los noodles tan bien como puede hacerlo una persona que se duerme de pie y me meto entre las sábanas, intentando no pensar que mi siguiente turno empieza en menos de doce horas, o que dentro de cuatro deberé levantarme. Ahora mismo soy una muñeca que respira y no me importa nada. Sólo sobrevivir hasta mañana.
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