Como en todas las historias, es importante establecer un orden cronológico, básicamente porque si no lo hacemos, tanto el lector como el escritor se pierden. Por eso pensé que la segunda entrada, la primera de las historias, debería ser mi llegada aquí.
Me planté en el aeropuerto de Stansted, el más lejano y, por tanto, el más barato, en la mañana del 30 de agosto del 2011. Y lo hice más sola que la una y con una maleta delante y otra detrás. Tan sola tan sola que aquella mañana sólo yo cogí el autobús de las 10 de la mañana. Y encima llorando, porque soy tan idiota que me dio por llorar de pensar en lo solita que estaba. El pobre conductor estaba apuradísimo, porque para una pasajera que tenía y encima llorando como María Magdalena...
Aunque claro, mi llantina de 10 minutos no era nada comparada con la llorera con la que había dejado a mi pobre madre en Barajas, apenas tres horas antes. Que parecía que me fuera a ir a la guerra y no a una gran ciudad a dos horas en avión. Aunque claro, a Mami Pata (que es como siempre llamaré a mi madre aquí) nunca le ha resultado fácil alejarse de sus hijas, aunque fuera por una semana. Por suerte para ella, a mi hermanita aún le quedan como poquito 10 años para la independencia.
El autobús me dejó en Baker Street, en pleno corazón de Londres. Y ahí iba yo, con mis maletas en busca y captura de un taxi. Que no os penseis que es tan fácil, que aquí hay tropecientos mil taxis, sí... Pero parados en zonas estratégicas. Para encontrar uno en Baker Street a las 11 de la mañana, telita, que tuve que esperar cerca de 20 minutos hasta que alguno me hiciera caso.
El caso es que yo seguía con mi depresión de inmigrante recién llegada, pero el taxista no lo vio como un inconveniente, sino como un reto. Un croata mayor, de unos 59 años, a puntito de jubilarse y con ganas de charlar. Y yo con ganas de que me animaran.
40 minutos más tarde estaba en la puerta de mi hostal con una sonrisa enorme en la cara y 20 libras menos en la cartera, pero contenta, oye. Aunque para lo que me duró...
El Hostel Number 8, también conocido como el Dollis, es casi con seguridad el hostal más barato de Londres. Limpieza dudosa, Mickey como mascota en la cocina (jodida rata, vaya sustos nos pegaba por las mañanas) y problemas con los "amigos de lo ajeno". Algunos policías venían siempre que había un aviso porque siempre les caía una pinta o un café. Pero es barato. Muy barato. E incluye el desayuno. Y también Internet.
Por eso el Number 8 es el campamento base por excelencia de todo joven en busca de una oportunidad en Londres. Y por eso tenía yo una cama reservada en una habitación de cuatro personas para dos semanas. Pero cuando me dijeron que no podría entrar en la habitación hasta las 14:00 me quería morir. ¡Si yo sólo quería dormir!
Eso sí, me dio por aprovechar el tiempo y me fui a imprimir currículums, conseguir la SIM para el móvil... Y a la vuelta les debí de dar tantísima pena que me dieron de gratis un chocolate caliente, cigarrillos y conversación. Eso sí, a las 14:07 estaba sobando en mi cama como un bebé hasta la mañana siguiente.
Tengo mil historias del Number 8, como la primera vez que tuvo que venir la policía porque habían robado unos móviles y una cámara de fotos y la ladrona apareció en ese momento llevándolo todo encima, o cómo casi muero atropellada a la puerta del hostal porque un borracho en moto decidió que la acera también era carretera. También fue buena aquella en la que nos levantamos totalmente resacosos los españoles para ir a la cocina a comer y nos encontramos a Mickey, la rata/mascota del hostal comiendo pasta de un plato sucio (aquel día no comimos) o las historias del olor radioactivo que salía de la habitación del sotano, en la cual no había ventanas, sólo un conducto pequeño de ventilación, y dormían 24 personas (eso sí, era la más barata).
Pero lo mejor del hostal era, con diferencia, la gente. Porque era la gente lo que te daba fuerzas para vivir allí durante un mes, el cariño y el apoyo que nos dábamos unos a otros. El pasar todos por las mismas penurias y problemas, tener un hombro donde apoyarte cuando te han rechazado en una entrevista o pasan los días y ves que empiezas a quedarte sin dinero y siguen sin llamarte ni siquiera para un maldito Training Day...
Me da mucha pena que de los 10/12 españoles que empezamos juntos a probar suerte en Londres a raíz de estar en el Hostel number 8 sólo yo quedo por aquí. Los demás decidieron volver. No les culpo. En esta ciudad o te comes tú a la ciudad o la ciudad te come a ti. Y aunque parece fácil y divertido venirse, no lo es. Sobre todo cuando no hablas el idioma o cuando el clima te aplana. Y cuando te quedas sin dinero como para estar en el hostal más barato de Londres entonces, my friend, estás jodido.
Después de conseguir un trabajo, encontrar casa me costó una semana, pero tras un mes viviendo en el hostal pude empezar a vivir bien. Lo malo fue perder el contacto con toda esa gente. Pero supongo que así van las cosas ¿no? Unos avanzan y otros quedan.
Si alguna vez leeis esto, un saludo para todos, chicos, en especial para Roi y para Eva, mi Gorda bonita. Espero que todo os vaya bien.
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