miércoles, 25 de enero de 2012

Hoy no tengo ganas de nada

Me despierto dos horas más tarde de lo previsto con el peor dolor de cabeza del mundo. Miro el reloj y maldigo al mundo un par de veces.

Bajo las escaleras con la pequeña alegría de comprobar que estoy sola. Mis compañeros de casa son todos madrugadores, por lo que no me sorprende que no estén aunque sea un sabado a las 12:30 de la mañana. Me bebo mi vaso de leche fría, porque no me apetece calentarla. Cae el primer cigarro del día y me provoca un mareo monumental,uno de esos que me hacen volver a la cama y dejarme caer como un trapo mojado. Y es lo que me dispongo a hacer cuando recuerdo que anoche no metí mis camisas a la lavadora.

Con un "mierda" susurrado, recuerdo por qué odio trabajar en lugares con uniforme con el logo de la empresa. La ropa del trabajo siempre debe estar lista para el siguiente turno y nunca tienes camisas suficientes. Mi dolor de cabeza aumenta según meto mis dos camisas y mis dos mandiles en la lavadora y la pongo en marcha. Una vez estoy segura de que todo funciona correctamente, subo a mi cama y me tiro en ella mientras la habitación da vueltas.

Este mareo no es por la resaca. Ojalá, eso significaría una buena noche de fiesta detrás y sólo estuve trabajando. Y, como buena profesional, jamás bebo alcohol en el trabajo.

No, el dolor de cabeza y el mareo vienen de la jornada agotadora de ayer, en la que hice mucho dinero para la empresa y poco para mí. Una jornada en la que le tuve que dar un bofetón a un cliente por intentar propasarse, salir corriendo detrás de dos cabrones que no querían pagar y así mil historias. Bienvenidos al maldito infierno.

Miro el reloj y veo que me quedan menos de cuatro horas para mi siguiente turno. ¿Qué pasa si no voy a trabajar, si digo que estoy enferma? ¿Podrían sobrevivir sin mí?

Ni de puta coña. No es que sea imprescindible, pero con tanta gente de vacaciones y un encargado tan subnormal como es el francés, necesitan hasta al más torpe.

Intento pensar que mis compañeros también me lo agradecerán, y que dentro de menos de un mes yo también tendré mi magnifico break post-navidad de cinco días. Cinco días lejos de esta jungla de asfalto para estar sólo acompañada por árboles, lluvia, alcohol y las manos cálidas de alguien que me quiere.

Pero ni eso funciona y me acuerdo de los muertos de todo el mundo cuando empiezo a buscar el secador para secar las camisas.

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