sábado, 28 de enero de 2012

Esta ciudad te vuelve racista.

Y tiene delito que lo diga yo. Quiero decir, yo misma soy una inmigrante en este país, no tiene sentido ser racista. Pero esta ciudad te vuelve racista.

Empiezo a desarrollar no odio, pero sí incomodidad cuando estoy alrededor de gente afroinglesa. Los indios tienen el mismo estilo, pero son más educados, al menos agradecen y piden por favor. Pero los afroingleses...

Y no es porque su piel sea de un color diferente a la mía, por mi vida que no. O porque hablen diferente y a veces no me entere. Es por su actitud y sus modos. Es porque van de prepotentes y de div@s, porque siempre empujan en la calle y nunca siguen la norma de dejar bajar antes de subir en el metro. Porque en su afán de no ser discriminados acaban poniéndose a la defensiva o, directamente, comenzarán con la ofensiva antes de haber tenido tiempo de preguntarles "Hola, ¿qué desean tomar?".

Para empezar, normalmente si tienen una reserva, llegarán tarde, preferiblemente cuando quede una hora para que la cocina cierre. Obviamente, la cocina no se va a mantener abierta para ellos, así que se les informa de que deben pedir rápido si quieren tener postre. A estas alturas ya empezarán las acusaciones de xenofobia, o que ellos han reservado para tener comida de tres platos. Yo, con la educación que me queda, les digo que igual que han reservado para eso, han reservado a una hora determinada, y que como ellos han llegado tarde por más de una hora, han perdido el derecho a esos tres platos.

Después de las quejas iniciales, tardan veinte minutos en decidir qué beber y veinte más en decidir qué comer. Por supuesto, piden los cócteles más jodidos de todo el menú y los que más tardan en hacerse. Después de tomar la orden y acordarme de sus muertos, le pido a otro compañero que tome sus pedidos para la comida y me piro al bar a hacer bebidas.

Aquí en la barra es donde estoy en mi elemento, y si no hubiese sido tan estúpida como para decir que también podía servir platos, es también donde estaría todo el tiempo. Hago los cócteles en tiempo record y los llevo a la mesa para descubrir que los menús de comida siguen frente a ellos.

-¿Y la comida? - Le pregunto a mi compañero.

-Los monos - Este compañero mío sí que es racista, y mucho - todavía no se han decidido.

Miro la hora, en media hora cierra la cocina y yo tendré que estar tras la barra del bar, así que con la mejor de mis caras les apremio para que pidan de una santa vez.

Tras otros cinco minutos, el pedido llega a cocina y desde el restaurante puedo escuchar los gritos y juramentos del cocinero, que se las prometía muy felices y pensaba que ya podía irse a casa antes de que le llegaran los pedidos de 10 hamburguesas y 7 pollos al curry. Me río mientras me dirijo hacia allí, no pienso perderme el espectáculo de ver al Chef mosqueado.

Los minutos pasan y la única mesa que queda en el restaurante es la mía. Sirvo la comida como un rayo y le paso la mesa a otro compañero. Sé que le hago una putada y que tendrá que quedarse más tiempo de lo que dice su horario, pero también sabe que yo tengo que cambiarme de ropa para ponerme a atender sobre la barra. Dos minutos antes de las once paso por la mesa y compruebo que los muy mamones no sólo siguen comiendo, sino que exigen más bebidas.

Aquí está el punto clave. Esta gente piensan que los "blancos" les desprecian, entonces se defienden despreciando primero. No se paran a ver que allí somos todos extranjeros y que el color de mi piel es bastante más oscura que la de un inglés típico y mis ojos no son precisamente azules, sino de un marrón tan oscuro que podría ser negro. No se paran a pensar que el desprecio y el aprecio, a estas alturas de la sociedad, no dependen del color de tu piel, sino de cómo trates a los de tu alrededor.

Me voy a barra tras asegurarle al camarero que guarda la mesa que yo haré la nueva ronda de bebidas para estos "motherfuckers" y me preparo para las tres horas que me quedan trabajando. Llevo los vasos y procuro de olvidarme de todo lo que tenga que ver con comida. El bar es mi nuevo dominio.

Sirvo copas sin pararme a mirar a quién se las sirvo hasta que a las doce de la noche, noto que me llaman desde el otro extremo de la barra. Uno de los tipos sentados a la mesa quiere pedirme más bebidas.

Ahora, yo sigo siempre la misma técnica de petición cuando atiendo en barra, que es "la máquina de escribir". Consiste en empezar desde un extremo e ir yendo hacia la derecha hasta que alcanzas el otro extremo, momento en el cual, sin importar el qué, te dirijes al punto de partida y comienzas otra vez.

Daba el casual de que este chico estaba al final de mi "máquina de escribir", así que me pongo a atender clientes según el orden que yo misma me he marcado, sin importar el orden de llegada. Lo siento, gente, si queríais que os atendieran por orden de llegada id a una pescadería, que tienen tickets preciosos con un número de orden, pero esto es un bar y yo estoy liadísima, así que como comprenderás, no tengo ni puta idea de quién ha llegado primero y quién último.

Llego al final de la barra y a estas alturas el tipo está mosqueado. Me pide sin ninguna educación ni respeto un zumo de manzana, dos de piña y dos Virgin Mojitos (Mojitos sin alcohol). La conversación se da así:

-Buenas noches, ¿qué quiere tomar?

-¡Me has tenido esperando tres horas! Ponme un zumo de manzana, dos de piña y dos Virgin Mojito.

-Buenas noches - acompañad esto de mi mejor mirada inexpresiva.


-¡Que me pongas un puto zumo de manzana, dos de piña y dos Virgin Mojito!


(Más mirada inexpresiva por mi parte)


-¿Eres sorda o qué?

Y es entonces cuando decido hacer un pasapalabra. Básicamente, me paso cada palabra que dices por el culo y no me da la gana servirte ni una maldita soda con limón.

Se quedó allí un rato más "tirándome piropos" hasta que se hartó y fue a por otro camarero, que también se hartó de él y acabó hablando con un manager. El manager me preguntó que por qué no les había servido en primer lugar y le expliqué que con faltas de respeto no sirvo ni a la maldita Reina de Inglaterra. Gracias al cielo, el manager pilló mi punto y no preguntó más. Según tengo entendido, hubo problemas para que pagaran la cuenta del restaurante y acabaron siendo largados del local por montar una trifulca con el General Manager, un tipo al que no le gustan nada las tonterías.

Los volví a ver, una vez acabado mi turno, hablando con los policías que siempre están de guardia alrededor de donde trabajo. Al parecer, querían denunciar al local. Las últimas palabras que oí antes de meterme en el metro fueron "¡Nos tratan así porque somos negros!"

Tiene cojones el asunto...

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